A mi familia.
Las gentes de Oliva de la Frontera son sencillas, amables y esbozan una sonrisa como Mona Lisa, igual de renacentista. Debe de ser porque se llevan bien con sus vecinos portugueses a pesar de los avatares políticos. En la fotografía tridimensional que puedo ver desde esta casa, hecha a conciencia para pasar aquí toda la vida, está toda la costana sembrada. al azar y con todo el orden del mundo. de encinas y alcornoques, que a estas alturas de mi vida aún me cuesta distinguir si no hay cerdos comiendo al pie de las primeras.
En todo este encinar paradisíaco no me he topado con el árbol del bien y del mal, porque todos son árboles buenos, como las gentes del lugar. En su iglesia, limpia como la patena que sostenía la niña vestida de scout, con sus bancos de la misma madera noble que las encinas centenarias, pude comulgar con tanta naturaleza celestial.
Ahora el horizonte se viste con tules malvas y las encinas de lo alto reverdecen de negro. Pronto la noche acabará por abrir el cielo de par en par a las estrellas que alumbran este rincón, este mar de bien, esta paz…
martes, 28 de febrero de 2012
martes, 21 de febrero de 2012
EL MAGISTRADO GARZÓN, SENTENCIADO
A mi nieto Miguel,
porque en este día
de esta primavera anticipada
ha roto a andar.
En la primavera de 1994 asistí como un pardillo a los corrillos que se formaban en el IES Auringis de Jaén a propósito de la dimisión del entonces Delegado del Gobierno en el Plan Nacional sobre Drogas, Baltasar Garzón. Había sido el fichaje estrella de Felipe González, que le había colocado como número dos por Madrid en las elecciones generales de 1993, y con el que consiguió, en buena medida, abortar el vuelco electoral que preveían las encuestas entonces. En puridad, Garzón no salió del gobierno puesto que, en uno más de sus múltiples errores en su última etapa como Presidente del Gobierno, González no lo nombró ministro, sino secretario de estado, engañando así a Garzón y al resto de ciudadanos que habíamos creído que aquella campaña electoral era veraz y se iba a acometer por fin con decisión y rigor la limpieza de las alcantarillas, taponada aún, fundamentalmente, con mierda procedente del franquismo.
Había llegado yo, como digo, en aquel momento al instituto jienense donde ejercía como directora una cuñada del juez Garzón. En los comienzos de todo es fundamental la suerte y la mía fue la persona a quien tenía que sustituir: un catedrático de instituto (cuerpo a extinguir ahora por la administración educativa, no se sabe si para fomentar la calidad de la enseñanza) que había obtenido una comisión de servicio para irse a la recién creada Universidad de Almería. Este colega, que tuvo la generosidad de pasarme los apuntes y armarme de valor para entrar en sus clases de COU, tuvo además la deferencia de invitarme a su casa y explicármelo todo tomando unas cervezas. Aún siento el placer, que sólo podemos sentir quienes no somos glotones, cuando abrió de par en par la despensa mejor aderezada que he visto en mi vida y que, a buen seguro, hubiese fulminado al mismísimo Buscón, don Pablos.
Una lección aprendí en aquella ocasión, cuando los corrillos afloraban como la primavera jienense en un país hecho a sí mismo en los mentideros: que Felipe se había equivocado al no nombrarlo ministro (cosa que él mismo reconocerá el día que sea capaz de ponerse a escribir sus memorias) y que Baltasar acertó al cerrar con prontitud su breve hoja se servicios políticos y volver a lo suyo (cosa que, por cierto, casi nunca sucede cuando se entra en política en este país de mentideros).
Cuando aún escuece la sentencia de condena por prevaricación del Tribunal Supremo al juez Garzón, y se puede esperar lo peor de las otras dos causas pendientes, quisiera aportar dos reflexiones que pusieran un poco de paz en este espectáculo penoso que una vez más protagonizamos ante el mundo.
En primer lugar, nadie desde el PSOE le puso una querella por prevaricación a Garzón cuando retomó el caso GAL semanas después de su paso por el Gobierno de Felipe González. Sí, es cierto que se le demonizó por los mismos socialistas que meses antes lo aplaudían en los mítines en Madrid, pero eso se circunscribe a las filias y fobias que, desgraciadamente, se dan en la política quizá más que en ningún otro ámbito de la vida. Lo otro, lo de ahora, una querella por prevaricación a un juez, solo puede entenderse como la guadaña que entra en la mies a cortar de raíz la mala hierba, y habría que ser un poeta muy maldito para ver mala hierba a raudales en la trayectoria jurídica del magistrado Baltasar Garzón.
La derecha sociológica española (quizá la derecha política sea la que más haya avanzado en esto) sigue lastrada por el pasado. A ojos de un observador externo, este estado de cosas solo puede explicarse porque, por un lado, sigue sin soltar definitivamente amarras con el franquismo, y no lo hará hasta que no busque con la misma energía que lo hacen los familiares a los muertos sin entierro ni sepultura de la guerra civil. Y, por otro, la derecha sigue sin cortarse las alas angelicales que la unen a la Iglesia Católica, lo que la lleva una y otra vez a confundir la moral católica, que es muy respetable en el ámbito privado, con la moral pública, que en una democracia ha de ser a todas luces laica.
Para poner fin a este último y pesado lastre y, de paso, poner fin a este artículo para siempre, no veo otro remedio, y perdonen la ironía, que un milagro.
porque en este día
de esta primavera anticipada
ha roto a andar.
En la primavera de 1994 asistí como un pardillo a los corrillos que se formaban en el IES Auringis de Jaén a propósito de la dimisión del entonces Delegado del Gobierno en el Plan Nacional sobre Drogas, Baltasar Garzón. Había sido el fichaje estrella de Felipe González, que le había colocado como número dos por Madrid en las elecciones generales de 1993, y con el que consiguió, en buena medida, abortar el vuelco electoral que preveían las encuestas entonces. En puridad, Garzón no salió del gobierno puesto que, en uno más de sus múltiples errores en su última etapa como Presidente del Gobierno, González no lo nombró ministro, sino secretario de estado, engañando así a Garzón y al resto de ciudadanos que habíamos creído que aquella campaña electoral era veraz y se iba a acometer por fin con decisión y rigor la limpieza de las alcantarillas, taponada aún, fundamentalmente, con mierda procedente del franquismo.
Había llegado yo, como digo, en aquel momento al instituto jienense donde ejercía como directora una cuñada del juez Garzón. En los comienzos de todo es fundamental la suerte y la mía fue la persona a quien tenía que sustituir: un catedrático de instituto (cuerpo a extinguir ahora por la administración educativa, no se sabe si para fomentar la calidad de la enseñanza) que había obtenido una comisión de servicio para irse a la recién creada Universidad de Almería. Este colega, que tuvo la generosidad de pasarme los apuntes y armarme de valor para entrar en sus clases de COU, tuvo además la deferencia de invitarme a su casa y explicármelo todo tomando unas cervezas. Aún siento el placer, que sólo podemos sentir quienes no somos glotones, cuando abrió de par en par la despensa mejor aderezada que he visto en mi vida y que, a buen seguro, hubiese fulminado al mismísimo Buscón, don Pablos.
Una lección aprendí en aquella ocasión, cuando los corrillos afloraban como la primavera jienense en un país hecho a sí mismo en los mentideros: que Felipe se había equivocado al no nombrarlo ministro (cosa que él mismo reconocerá el día que sea capaz de ponerse a escribir sus memorias) y que Baltasar acertó al cerrar con prontitud su breve hoja se servicios políticos y volver a lo suyo (cosa que, por cierto, casi nunca sucede cuando se entra en política en este país de mentideros).
Cuando aún escuece la sentencia de condena por prevaricación del Tribunal Supremo al juez Garzón, y se puede esperar lo peor de las otras dos causas pendientes, quisiera aportar dos reflexiones que pusieran un poco de paz en este espectáculo penoso que una vez más protagonizamos ante el mundo.
En primer lugar, nadie desde el PSOE le puso una querella por prevaricación a Garzón cuando retomó el caso GAL semanas después de su paso por el Gobierno de Felipe González. Sí, es cierto que se le demonizó por los mismos socialistas que meses antes lo aplaudían en los mítines en Madrid, pero eso se circunscribe a las filias y fobias que, desgraciadamente, se dan en la política quizá más que en ningún otro ámbito de la vida. Lo otro, lo de ahora, una querella por prevaricación a un juez, solo puede entenderse como la guadaña que entra en la mies a cortar de raíz la mala hierba, y habría que ser un poeta muy maldito para ver mala hierba a raudales en la trayectoria jurídica del magistrado Baltasar Garzón.
La derecha sociológica española (quizá la derecha política sea la que más haya avanzado en esto) sigue lastrada por el pasado. A ojos de un observador externo, este estado de cosas solo puede explicarse porque, por un lado, sigue sin soltar definitivamente amarras con el franquismo, y no lo hará hasta que no busque con la misma energía que lo hacen los familiares a los muertos sin entierro ni sepultura de la guerra civil. Y, por otro, la derecha sigue sin cortarse las alas angelicales que la unen a la Iglesia Católica, lo que la lleva una y otra vez a confundir la moral católica, que es muy respetable en el ámbito privado, con la moral pública, que en una democracia ha de ser a todas luces laica.
Para poner fin a este último y pesado lastre y, de paso, poner fin a este artículo para siempre, no veo otro remedio, y perdonen la ironía, que un milagro.
miércoles, 15 de febrero de 2012
LAS MENINAS LITERARIAS
A la primera generación de mis alumnos de Literatura Española de la onubense.
La historia de la literatura española se explica, queridos alumnos, mejor, como casi todo, con una imagen, mejor que mejor si es el cuadro de Las Meninas, de Velázquez, claro.
De esta forma, quitamos al rey Felipe IV y ponemos al rey don Miguel de Cervantes, el auténtico Fénix de los Ingenios, por mucho que el premio se lo dieron al segundo de la lista, como suele suceder.
Junto con el rey, sustituimos al resto de la nobleza con los autores nobles en español; y aquí me tenéis que echar una mano; yo aporto: Berceo, Juan Ruiz, Jorge Manrique, Fernando de Rojas y Juan de la Cruz; espero que, a lo largo del curso, completéis la lista, que puede llegar casi al infinito.
Finalmente, el pincel ha de sostenerlo Gabo, porque mientras siga vivo seguirá siendo el Cervantes de hoy de la literatura en español.
¿Os habéis fijado como nos guiña un ojo el picarón?
La historia de la literatura española se explica, queridos alumnos, mejor, como casi todo, con una imagen, mejor que mejor si es el cuadro de Las Meninas, de Velázquez, claro.
De esta forma, quitamos al rey Felipe IV y ponemos al rey don Miguel de Cervantes, el auténtico Fénix de los Ingenios, por mucho que el premio se lo dieron al segundo de la lista, como suele suceder.
Junto con el rey, sustituimos al resto de la nobleza con los autores nobles en español; y aquí me tenéis que echar una mano; yo aporto: Berceo, Juan Ruiz, Jorge Manrique, Fernando de Rojas y Juan de la Cruz; espero que, a lo largo del curso, completéis la lista, que puede llegar casi al infinito.
Finalmente, el pincel ha de sostenerlo Gabo, porque mientras siga vivo seguirá siendo el Cervantes de hoy de la literatura en español.
¿Os habéis fijado como nos guiña un ojo el picarón?
miércoles, 11 de enero de 2012
RÉQUIEM POR LA VOZ DE LEPE
RÉQUIEM POR LA VOZ DE LEPE
Manolo Ramírez
A Manuel Mª Toscano Rodríguez,
padre de la criatura.
Después de algunos años de dolorosa agonía, La Voz de Lepe ha muerto. Y, bien pensado, me cuesta creer que este pueblo mío tan cumplido en estos menesteres no le haya dedicado una misa de funeral. Uno, que no cree ya en la resurrección de los muertos, duda mucho que el preciado periódico lepero vuelva a la circulación.
Las páginas de La Voz de Lepe contienen la historia del último cuarto del siglo XX de este pueblo y en ellas tendrá que hurgar quien quiera conocer ese periodo tan interesante de nuestro pasado reciente. En aquella época en que se respiraba libertad después de 40 años de ostracismo, el equipo fundador del periódico se encargó de encauzar ese aire limpio dando cabida en sus páginas a todas las opiniones, a todas las ideologías. Tanto es así, que en el consejo de redacción del periódico estaban presentes miembros de los partidos políticos con representación municipal. Esta vitalidad se puede comprobar al releer cualquier periódico de los años ochenta. Sucede entonces, como en una buena novela, que al leer la historia cobra vida.
Manolo Toscano, que estuvo al timón del barco desde sus inicios, y que logró reflotarlo a finales de los años ochenta cuando zozobraba, asiste hoy a su hundimiento, no de forma impasible, desde luego, puesto que ha trabajado con tesón para evitar que el periódico callara para siempre. Pero es imposible su intento, porque en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño.
No es totalmente cierto que la desaparición de La Voz de Lepe se deba únicamente a la crisis económica y a la mala gestión de su última junta directiva. La raíz del mal hay que buscarla a comienzos del nuevo milenio, cuando una formación política se apropió del periódico, rompiendo así con la vitalidad que había en sus páginas desde sus inicios en 1978: todas las opiniones y todas las ideologías.
Es tiempo ahora, tras la muerte de La Voz de Lepe, de solicitar a la autoridad competente el merecido homenaje al periódico, ya sea una calle o una medalla, puesto que lo de hija adoptiva queda fuera de lugar por impedimento literal.
En cuanto a ti, amigo Manolo, no esperes más homenajes que respirar por las páginas viejas y llenas de vida de aquel periódico, de aquella criatura que supiste alumbrar a este pueblo en aquellos años propicios.
Manolo Ramírez
A Manuel Mª Toscano Rodríguez,
padre de la criatura.
Después de algunos años de dolorosa agonía, La Voz de Lepe ha muerto. Y, bien pensado, me cuesta creer que este pueblo mío tan cumplido en estos menesteres no le haya dedicado una misa de funeral. Uno, que no cree ya en la resurrección de los muertos, duda mucho que el preciado periódico lepero vuelva a la circulación.
Las páginas de La Voz de Lepe contienen la historia del último cuarto del siglo XX de este pueblo y en ellas tendrá que hurgar quien quiera conocer ese periodo tan interesante de nuestro pasado reciente. En aquella época en que se respiraba libertad después de 40 años de ostracismo, el equipo fundador del periódico se encargó de encauzar ese aire limpio dando cabida en sus páginas a todas las opiniones, a todas las ideologías. Tanto es así, que en el consejo de redacción del periódico estaban presentes miembros de los partidos políticos con representación municipal. Esta vitalidad se puede comprobar al releer cualquier periódico de los años ochenta. Sucede entonces, como en una buena novela, que al leer la historia cobra vida.
Manolo Toscano, que estuvo al timón del barco desde sus inicios, y que logró reflotarlo a finales de los años ochenta cuando zozobraba, asiste hoy a su hundimiento, no de forma impasible, desde luego, puesto que ha trabajado con tesón para evitar que el periódico callara para siempre. Pero es imposible su intento, porque en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño.
No es totalmente cierto que la desaparición de La Voz de Lepe se deba únicamente a la crisis económica y a la mala gestión de su última junta directiva. La raíz del mal hay que buscarla a comienzos del nuevo milenio, cuando una formación política se apropió del periódico, rompiendo así con la vitalidad que había en sus páginas desde sus inicios en 1978: todas las opiniones y todas las ideologías.
Es tiempo ahora, tras la muerte de La Voz de Lepe, de solicitar a la autoridad competente el merecido homenaje al periódico, ya sea una calle o una medalla, puesto que lo de hija adoptiva queda fuera de lugar por impedimento literal.
En cuanto a ti, amigo Manolo, no esperes más homenajes que respirar por las páginas viejas y llenas de vida de aquel periódico, de aquella criatura que supiste alumbrar a este pueblo en aquellos años propicios.
martes, 27 de diciembre de 2011
SOBRE EL HABLAR BIEN...
SOBRE EL HABLAR BIEN Y OTRAS ESTUPIDECES DE LOS POLÍTICOS
Manolo Ramírez
...esos niños y niñas sacrificados bajo la durísima hacha de la inmersión en catalán sacan las mismas notas en castellano que los niños de Salamanca, Valladolid, Burgos o Soria, por no hablar de Sevilla, Málaga o La Coruña, porque allí hablan el castellano, efectivamente, pero a veces a algunos no se les entiende..., Artur Mas dixit.
A raíz de las recientes declaraciones del presidente del gobierno de Cataluña, el honorable Artur Mas, uno no puede menos que echarse las manos a la cabeza. ¿A santo de qué viene este hombre a decir, nada menos que en sede parlamentaria, quién habla bien y quíén lo hace mal? ¿Acaso apoya su afirmación en algún estudio reciente de algún especialista en la materia? ¿O se trata, más bien, de que quiere sentar cátedra desde su más supina ignorancia?
Como sabemos, la lengua escrita tiene una norma fijada primero por la tradición y luego en época moderna por una institución creada para ese fin. Así ocurre con la Real Academia Española que nace en 1713 y publica el Diccionario de Autoridades (1726-39)), la Ortografía (1741) y la Gramática (1771); obras todas ellas que se han reeditado posteriormente adaptándose a los nuevos usos de la lengua. Esto que decimos para el caso del español, vale para otras lenguas de nuestro ámbito occidental. Así, por ejemplo, sucede con el Institut d'Estudis Catalans, fundado a comienzos del siglo XX y cuya sección filológica cumple la función de academia de la lengua catalana y fija la norma del catalán escrito.
No sucede lo mismo para la lengua oral, que tiene variedades de uso. Así, según la situación donde se produzca la comunicación adoptamos el registro formal, como hace el Sr. Mas cuando habla en el Parlamento catalán; mientras que usamos el registro informal, cuando hablamos en casa o con los amigos. En segundo lugar, la lengua oral tiene variedades que tienen que ver con el nivel de estudios del hablante, de forma que un hablante con estudios superiores puede usar la lengua culta, mientras que otro sin estudios usará la lengua popular. Finalmente, la lengua oral tiene variedades geográficas porque a lo largo de su evolución histórica en unas zonas se han consolidado unos rasgos de pronunciación de los sonidos distintos a otras zonas. En el caso del español, estas variedades geográficas son dos y surgieron en los siglos XVI y XVII al tiempo que el castellano medieval evolucionó al español moderno tal y como lo hablamos hoy. Estas dos variedades dialectales son la variedad septentrional o castellana y la variedad meridional o andaluza, cuyas divergencias fundamentales estriban en la existencia de dos sonidos, ese y zeta, y la pronunciación palatal de la jota, en castellano; frente al andaluz, en donde existe un solo sonido ese, lo que originó (desde el siglo XVI, al menos) el seseo y el ceceo, y un sonido aspirado (como el inicial del inglés house) que ocupa el lugar de la jota castellana y el de la ese final de sílaba y palabra. Por cierto, que fue la variedad meridional o andaluza la que se llevó a América, debido a que fueron en un primer momento extremeños y andaluces en su mayoría los colonizadores. De ahí que sea la que usa la mayor parte de los hablantes de español hoy.
Estos tres usos de la lengua no son exclusivos del español, sino propios de todas las lenguas. Así, el catalán tiene un registro formal e informal; un uso culto y popular; y variedades geográficas debidas a la evolución histórica de la lengua, por ejemplo, el valenciano o el balear.
Pues bien, las distintas variedades de una lengua, español, catalán, etc., no impide la comunicación entre sus hablantes. Las lenguas se usan en sus distintas variedades para la comunicación, para el entendimiento de las personas y de los pueblos y no como arma política. En pleno siglo XXI, después de investigaciones irrefutables de insignes historiadores de la lengua como Menéndez Pidal o Rafael Lapesa, es hora de abandonar ciertos tics clasistas y, en cierto modo, totalitarios que intentan prestigiar unas lenguas sobre otras o ciertas variedades dialectales sobre otras, como ha sucedido con el andaluz frente al castellano, que hoy solo se sostiene, como en el caso de Artur Mas, únicamente desde la ignorancia.
Manolo Ramírez
...esos niños y niñas sacrificados bajo la durísima hacha de la inmersión en catalán sacan las mismas notas en castellano que los niños de Salamanca, Valladolid, Burgos o Soria, por no hablar de Sevilla, Málaga o La Coruña, porque allí hablan el castellano, efectivamente, pero a veces a algunos no se les entiende..., Artur Mas dixit.
A raíz de las recientes declaraciones del presidente del gobierno de Cataluña, el honorable Artur Mas, uno no puede menos que echarse las manos a la cabeza. ¿A santo de qué viene este hombre a decir, nada menos que en sede parlamentaria, quién habla bien y quíén lo hace mal? ¿Acaso apoya su afirmación en algún estudio reciente de algún especialista en la materia? ¿O se trata, más bien, de que quiere sentar cátedra desde su más supina ignorancia?
Como sabemos, la lengua escrita tiene una norma fijada primero por la tradición y luego en época moderna por una institución creada para ese fin. Así ocurre con la Real Academia Española que nace en 1713 y publica el Diccionario de Autoridades (1726-39)), la Ortografía (1741) y la Gramática (1771); obras todas ellas que se han reeditado posteriormente adaptándose a los nuevos usos de la lengua. Esto que decimos para el caso del español, vale para otras lenguas de nuestro ámbito occidental. Así, por ejemplo, sucede con el Institut d'Estudis Catalans, fundado a comienzos del siglo XX y cuya sección filológica cumple la función de academia de la lengua catalana y fija la norma del catalán escrito.
No sucede lo mismo para la lengua oral, que tiene variedades de uso. Así, según la situación donde se produzca la comunicación adoptamos el registro formal, como hace el Sr. Mas cuando habla en el Parlamento catalán; mientras que usamos el registro informal, cuando hablamos en casa o con los amigos. En segundo lugar, la lengua oral tiene variedades que tienen que ver con el nivel de estudios del hablante, de forma que un hablante con estudios superiores puede usar la lengua culta, mientras que otro sin estudios usará la lengua popular. Finalmente, la lengua oral tiene variedades geográficas porque a lo largo de su evolución histórica en unas zonas se han consolidado unos rasgos de pronunciación de los sonidos distintos a otras zonas. En el caso del español, estas variedades geográficas son dos y surgieron en los siglos XVI y XVII al tiempo que el castellano medieval evolucionó al español moderno tal y como lo hablamos hoy. Estas dos variedades dialectales son la variedad septentrional o castellana y la variedad meridional o andaluza, cuyas divergencias fundamentales estriban en la existencia de dos sonidos, ese y zeta, y la pronunciación palatal de la jota, en castellano; frente al andaluz, en donde existe un solo sonido ese, lo que originó (desde el siglo XVI, al menos) el seseo y el ceceo, y un sonido aspirado (como el inicial del inglés house) que ocupa el lugar de la jota castellana y el de la ese final de sílaba y palabra. Por cierto, que fue la variedad meridional o andaluza la que se llevó a América, debido a que fueron en un primer momento extremeños y andaluces en su mayoría los colonizadores. De ahí que sea la que usa la mayor parte de los hablantes de español hoy.
Estos tres usos de la lengua no son exclusivos del español, sino propios de todas las lenguas. Así, el catalán tiene un registro formal e informal; un uso culto y popular; y variedades geográficas debidas a la evolución histórica de la lengua, por ejemplo, el valenciano o el balear.
Pues bien, las distintas variedades de una lengua, español, catalán, etc., no impide la comunicación entre sus hablantes. Las lenguas se usan en sus distintas variedades para la comunicación, para el entendimiento de las personas y de los pueblos y no como arma política. En pleno siglo XXI, después de investigaciones irrefutables de insignes historiadores de la lengua como Menéndez Pidal o Rafael Lapesa, es hora de abandonar ciertos tics clasistas y, en cierto modo, totalitarios que intentan prestigiar unas lenguas sobre otras o ciertas variedades dialectales sobre otras, como ha sucedido con el andaluz frente al castellano, que hoy solo se sostiene, como en el caso de Artur Mas, únicamente desde la ignorancia.
lunes, 5 de septiembre de 2011
SANTANDER
En 1996 vine hasta aquí en tren en vagón de 2ª clase para asistir al curso de verano de la UIMP "Sirtes y escollos de la gramática española", impartido con su habitual elegancia por el recordado maestro don Emilio Alarcos. Me compré su recién publicada Gramática de la lengua española, que me dedicó junto a su mujer; años más tarde, mi hija María pintorrequearía la página, así pues, el libro está dedicado de forma triple. Había iniciado yo ese curso 95/96 los estudios de doctorado, justo cuando me concedieron mi segunda vacante en el IES Catedrático Pulido Rubio de Bonares (Huelva).
Ahora, que regreso a un curso para profesores de secundaria (en donde se aprende más bien poco, todo hay que decirlo), Santiago me fotografía en la puerta de la Pensión Cervantes, donde dormí entonces a mil pesetas por noche.
María, que ya escribe como poeta y lee con la claridad de la voz y de la mirada de su abuela, tiene "papitis": se llega hasta La Magdalena con su madre y su hermano y me sacan del aula. Y, claro, yo encantado de la vida.
Desde el Hotel Piñamar los echo de menos. Estarán en su apartamento de Prado de San Roque viendo plácidamente la televisión o, tal vez, contemplando desde la ventana la bahía escoltada por la cordillera bajo la atenta sonrisa de la luna.
¡Que durmáis mucho, amores míos!
Ahora, que regreso a un curso para profesores de secundaria (en donde se aprende más bien poco, todo hay que decirlo), Santiago me fotografía en la puerta de la Pensión Cervantes, donde dormí entonces a mil pesetas por noche.
María, que ya escribe como poeta y lee con la claridad de la voz y de la mirada de su abuela, tiene "papitis": se llega hasta La Magdalena con su madre y su hermano y me sacan del aula. Y, claro, yo encantado de la vida.
Desde el Hotel Piñamar los echo de menos. Estarán en su apartamento de Prado de San Roque viendo plácidamente la televisión o, tal vez, contemplando desde la ventana la bahía escoltada por la cordillera bajo la atenta sonrisa de la luna.
¡Que durmáis mucho, amores míos!
jueves, 1 de septiembre de 2011
GOBIERNO MUNICIPAL VS COTO PRIVADO
Desde el almuerzo posterior a la lectura de mi tesis doctoral en 2008 no se me cerraba el estómago hasta el punto de impedirme comer. En aquella ocasión, por la emoción de ver el logro conseguido tras años de trabajo, dejé en el plato casi intacto un suculento medallón de solomillo de ternera. Hoy, cuando agosto se despide con unas gotas de lluvia, la tristeza e indignación. por el despido indiscriminado de varias decenas de trabajadores del Ayuntamiento de Lepe, no me deja comer unos sencillos chícharos con huevos. Mayormente, porque tamaña injusticia hace aflorar algunas lágrimas a mi mujer, que lleva más de 30 años trabajando en el ayuntamiento y no da crédito a lo que está pasando.
En las dos últimas legislaturas municipales se ha contratado a diestro y siniestro (es solo una frase hecha) a cientos de trabajadores sin ajustarse a la ley que obliga a que los puestos de trabajo públicos se oferten en igualdad de concurso a los ciudadanos. Ante tamaña injusticia nadie hace nada. Se han sobrepasado todos los límites en el nepotismo y el clientelismo político y nadie ha movido un dedo. Es vergonzoso, sobre todo, en el caso de la oposición socialista, cuyo papel es controlar que el gobierno actúe conforme a la ley.
Por lo que sé a día de hoy los despidos, más que a un ERE, se ajustan a una purga propia de regímenes totalitarios, de triste recuerdo. Se despide, en muchos casos, a personas que accedieron tras un examen a su puesto de trabajo y que lo desempeñan con solvencia desde hace años y no, por ejemplo, a los enchufados para buscar votos en las últimas elecciones municipales de mayo.
Ante este panorama tan indignante y descorazonador, uno no puede más que avergonzarse de vivir en un pueblo que mira para otro lado y que no defiende sus derechos democráticos conseguidos con tanto esfuerzo por las generaciones que nos han precedido.
En las dos últimas legislaturas municipales se ha contratado a diestro y siniestro (es solo una frase hecha) a cientos de trabajadores sin ajustarse a la ley que obliga a que los puestos de trabajo públicos se oferten en igualdad de concurso a los ciudadanos. Ante tamaña injusticia nadie hace nada. Se han sobrepasado todos los límites en el nepotismo y el clientelismo político y nadie ha movido un dedo. Es vergonzoso, sobre todo, en el caso de la oposición socialista, cuyo papel es controlar que el gobierno actúe conforme a la ley.
Por lo que sé a día de hoy los despidos, más que a un ERE, se ajustan a una purga propia de regímenes totalitarios, de triste recuerdo. Se despide, en muchos casos, a personas que accedieron tras un examen a su puesto de trabajo y que lo desempeñan con solvencia desde hace años y no, por ejemplo, a los enchufados para buscar votos en las últimas elecciones municipales de mayo.
Ante este panorama tan indignante y descorazonador, uno no puede más que avergonzarse de vivir en un pueblo que mira para otro lado y que no defiende sus derechos democráticos conseguidos con tanto esfuerzo por las generaciones que nos han precedido.
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